Filosofía política y ciencia

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Esfera pública científica. La ciencia entre el mercado y el Estado

Francisco Javier Gil Martín
Northwestern University
Department of Philosophy
1880 Campus Drive
Evanston, IL., 60208-2214, USA
Correo-e: javiergil@northwestern.edu
Jesús Vega Encabo
Universidad Autónoma de Madrid
Dep. Lingüística, Lógica y Filosofía de la Ciencia
Campus de Cantoblanco, Crta. de Colmenar, km. 15
28049 Madrid, ESPAÑA
Correo-e: jesus.vega@uam.es

Resumen:

Por democratización de la ciencia se entiende básicamente un proceso de inserción de la ciencia dentro de la esfera pública. Pero el proceso de democratización exige además una autocomprensión de la ciencia como esfera pública. Esta concepción se enfrenta a otros dos modelos diferentes sobre el marco normativo de funcionamiento de la ciencia. Por un lado, se enfrenta a las defensas de la privatización del conocimiento que se basan en una concepción política de la ciencia de acuerdo con la cual ésta tiene no sólo que insertarse dentro de la esfera del mercado, sino entenderse ella misma como mercado. Por otro lado, se enfrenta a las defensas de la planificación del conocimiento que se basan en una concepción política de acuerdo con la cual no sólo la ciencia debe depender de la financiación del estado, sino que la democratización de la ciencia debe consistir fundamentalmente en el control social y político de la actividad científica.
En esta comunicación exploramos la noción de esfera pública como el modelo normativo más adecuado para explicar el funcionamiento interno de la ciencia y defendemos su superioridad sobre los modelos de la ciencia como mercado y de la ciencia planificada. Al igual que estos últimos, el modelo de la esfera pública científica implica una cierta autocomprensión política de la propia ciencia. Sin embargo, este modelo se enfrenta a aquellos argumentos que pretenden sacar a la ciencia de la esfera pública debido a que adoptan erróneas asunciones sobre la naturaleza de la propia actividad científica. Defenderemos, por tanto, que si la ciencia se autocomprende políticamente como una esfera pública, entonces exige normativamente su inserción dentro de la esfera pública política.
Procederemos del siguiente modo. En primer lugar, expondremos tres constricciones que debe cumplir cualquier modelo explicativo del funcionamiento interno de la ciencia en cuanto institución. Sostendremos que la ciencia es una institución con capacidad de autolegislación, es decir, con capacidad para elegir sus reglas de juego y para establecer su norma fundamental; que la ciencia está diseñada para la provisión de bienes públicos y que funciona internamente como un mecanismo de constitución de bienes públicos; y, finalmente, que la ciencia es un modo racional de resolución de problemas y de mantenimiento colectivo de virtudes epistémicas.
En segundo lugar, discutiremos algunas de las razones a favor y en contra de las variantes (liberal, republicana y deliberativa) de la esfera pública científica y de su potencialidad para dar cuenta de estas tres constricciones. Examinaremos cómo dichas variantes establecen diferentes marcos de relaciones de la ciencia con el Estado y con el mercado y en qué medida asumen que el funcionamiento de una esfera pública consiste en la crítica y en la deliberación entre iguales y según razones de igual consideración. Nuestra revisión afectará a los modelos de esfera pública basados en la idea de democracia deliberativa, que establecen sus propias constricciones sobre la inclusividad de los participantes, la reflexividad de las razones implicadas (que conlleva una demanda de modificar los propios puntos de partida en el proceso) y las condiciones de un diálogo libre de coacciones.

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Políticas del saber. Modelos de tolerancia epistémica y social

Jesús Vega Encabo
Universidad Autónoma de Madrid
Dep. Lingüística, Lógica y Filosofía de la Ciencia
Campus de Cantoblanco
Crt. Colmenar, km. 15
28049 Madrid (España)
Correo-e: jesus.vega@uam.es

Resumen:

Algunas creencias con amplia difusión social son dudosas, carecen de evidencia a su favor y, en ocasiones, atentan contra evidencias bien establecidas; otras creencias están apoyadas por la evidencia disponible y son racionalmente aceptables. ¿Nuestro modelo de tolerancia debería extenderse por igual a todas ellas? ¿Cómo debemos enfrentarnos al error y a las opiniones carentes de fundamento racional? En este trabajo, retomo los problemas de la conexión entre conocimiento y política desde la cuestión de cuál ha de ser nuestra actitud de tolerancia o de reprobación epistémica. ¿Es deseable este tipo de reprobación epistémica? ¿Cómo es posible la crítica racional frente al mero juego de opiniones? ¿Puedo identificar un conjunto de deberes epistémicos de tipo social y político?
Presentaré cuatro modelos diferentes de tolerancia epistémica y social en los que se responde de manera diferente a nuestro derecho a poner en tela de juicio la base epistémica de las creencias de otros y de cómo deben ser tratadas política y socialmente las creencias que son reprobables epistémicamente. 1) Denominaré cínico a un primer modelo según el cual mi creencia de que ciertas ideas son erróneas no afecta al hecho de que permita, aliente e incluso fomente su presencia y difusión social. 2) El modelo de pluralismo global sostiene que hay que ser tolerante del mismo modo ante cualquier pretensión epistémica y ante cualquier pretensión política; es más, reconoce una cierta bondad epistémica y social de la aceptación irrestricta de esta pluralidad; niega la posibilidad de una genuina reprobación epistémica que, por tanto, no genera reprobación social por causa de una supuesta diferencia de valor epistémico. 3) Denominaré pluralismo asimétrico o unilateral a aquel modelo que adopta una diferente actitud en el frente epistémico y en el social; en el primero, reconoce la posibilidad de consenso racional acerca del mérito de cada opción epistémica, mérito que a su vez puede depender de la libre y abierta discusión pública; pero esta posibilidad de reprobación epistémica no afecta a la tolerancia social y política en la expresión de ciertas ideas que sí serían consideradas irracionales. 4) Por último, presentaré un modelo jacobino de tratamiento político de las ideas epistémicamente reprobables, según el cual la búsqueda de la justicia social requiere también combatir las creencias erróneas, es decir, aboga por políticas de salud pública de tipo epistémico. El trabajo trata de dirimir cuál de las actitudes políticas de tolerancia en asuntos epistémicos es la más adecuada para cumplir al mismo tiempo nuestros "deberes" epistémicos y los requisitos de libre expresión en las sociedades democráticas. Defenderé que es necesario articular un modelo que se inspire tanto en el modelo liberal del pluralista asimétrico como en las exigencias jacobinas; para ello, será necesario introducir un nuevo frente en la disputa de carácter moral: tolerar socialmente los errores epistémicos no me exime de la responsabilidad de combatirlos racionalmente.


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